Una tarde de poker y los muros de la muerte

Los tahúres estaban en derredor de la mesa hasta que uno de ellos mostro su jugada. Poker. Cuatro cartas de un valor extremadamente alto es una forma de asegurarse siempre llevarse la mano.

Lo que esta tarde de invierno nos ofrecia el Route Resurrection era una jugada ganadora. Eso si, el "madrugón" de las siete de la tarde se hace casi obligado si quieres aglutinar a cuatro bandas encima de un escenario, y poder volver pronto a casa, que mañana hay que levantarse para volver a la rutina.

Media entrada en la sala Lemon. Una pena que un evento de este calibre y con estas bandas no haya reventado la sala, a pesar de el despliegue impecable al que nos tienen acostumbrados el equipo del Route Resurrection, y que una vez mas pudimos comprobar en ésta su primera cita del año. Quizás el lunes haya hecho su parte. Aun así, los que acuden parece que se multiplican para hacer que la diversión no cese en ningún momento.

Apenas rebasada media hora después de las siete, saltan a escena desde las antípodas Void of Vision, todos con igual uniforme, que nos trae a la mente la estética de las bandas callejeras de los 80, al mas puro estilo The Warriors.

Unicos disidentes de la noche, practican un metalcore muy enérgico en el cual el hiperactivo Jack hace moverse al personal desde el minuto uno. En la escasa media hora que dura su parte, van engranando temas haciendo que los primeros pogos y amagos de wall of death aparezcan en pista. Buenas sensaciones para una formación que se vació en el escenario.

Subiendo un poco mas la temperatura es el turno ahora  Make them Suffer, que llegan a la piel de toro también desde las antípodas, éstos concretamente desde la ciudad de Perth.

El quinteto navega por el deathcore melódico usando como contrapunto a la voz principal, la de Sean Harmanis, una voz femenina, la de Louisa Burton, que se encarga también de las teclas, que crean una disonancia bastante peculiar con el sonido de las cuerdas de la banda. Entre malabarismos con los instrumentos y energía a raudales, se nos pasa volando la media hora que dura su porción del pastel. Un par de temas de Neverbloom y el resto pertenecientes a Old Souls compusieron su lista de canciones.

El consabido cambio de escenario nos abría paso para uno de los platos fuertes de la noche, Betraying the Martyrs. Los del otro lado de los pirineos son una banda asentada dentro del deathcore. También, como Make Them Suffer, dan el contrapunto a la voz "solista" con una mas limpia, e introducen teclados, aunque los Martyrs juegan en otra división.

Capitaneados por Aaron Matts, que devora el escenario con su presencia y su control de las tablas, ofrecieron un set de una hora raspadita donde repasaron temas de sus dos primeros largos, Breathe in Life y Phantom, y de su mas reciente y altamente recomendable trabajo, The Resilient, aun calentita su publicación. No en balde abrieron con Lost for Words, anticipando por donde iban a ir los tiros. Impresionantes. Un huracán en escena sin fisura alguna en su sonido, que fue brutal y exquisito. En todo momento el grupo, y en particular el señor Matts, se metieron al publico en el bolsillo, e hicieron que disfrutaran de su descarga.

Arengaron al respetable a hacer unos wall of death, y a que corearan con ellos una frase en la que el recientemente elegido presidente de los estados juntos de américa no quedaba muy bien parado, durante los estribillos de Unregistered.

Sin lugar a dudas, y de largo, lo mejor de la noche. Nos quedaremos de momento con las ganas de lo que pueden llegar a ofrecer en llevando las riendas de su propio concierto. Tremendos.

 

Tras un largo paréntesis que sirvió para limpiar de amplificadores el escenario y dejarlo en paños menores, tan solo con la batería de Pablo Viveros, los cabeza de cartel hacían entrada en el escenario del recinto, en su primera vez pisando la piel de toro para estos muchachos de los estados juntos de américa.

Alex Koehler y compañía desplegaron un sonido pulcro y brutal, aunque un poco corto de volumen general en nuestra opinión, para mostrarnos su versión straight edge del deathcore mas brutal. La actitud se les salía por los poros y no pararon de moverse durante toda la actuación. En una hora y media de concierto les dio tiempo a Chelsea Grin a desgranar temas de sus cuatro álbumes publicados.

Como dato curioso, cerraron el concierto con dos temas de su primer trabajo, avisando al público de que en lugar del consabido bis y la consecuente peticion de otro tema, mejor lo hacían ya todo del tirón.

Muy activo y dicharachero se encontraba Pablo Viveros, que salío al escenario enfundado en una camiseta de un conocido club de futbol de la capital del reino, que parece ser que se dedica a la pastelería, a  juzgar por los comentarios del respetable, ante el alborozo y la algarabía del público. Intercalaba palabras con el publico mientras infligía una soberana paliza a su batería.

Atronadores y efectivos, quizás adolecieron de demasiado pragmatismo, de un poco de desmotivación ante una sala con poco mas de media entrada,  o puede ser que después de la arrolladora descarga de Betraying the Martyrs, no es fácil superar el listón, aunque sea uno Chelsea Grin.

 

 

 

texto y fotos:  nocnar tosnophal

REF: chelsea grin route resurrection 13Feb2017 // Stock: .