El reciente guirigay generado por el anterproyecto de la Ley Antipiratería impone una reflexión sobre la cronología de esta historia y las diversas actitudes de los protagonistas de la misma en éste país, siempre a la cabeza de la belicosidad, la animadversión y el fuego ideológico: las discográficas, la SGAE y el propio público. Y, por último, los grandes perjudicados, amen de inactivos -no se puede hacer absolutamente nada-, los músicos.
El pecado original lo cometieron las multinacionales, con los absurdos -por inaccesibles- precios de los discos. La aparición del formato MP3 y el primer sistema P2P -el celebérrimo Napster- iniciaron la situación actual, cuyo arranque puede datarse en 1999, momento aquel de enorme jolgorio entre los melómanos de todo el planeta. De golpe y porrazo, nuestro sueño se hizo realidad: TODO estaba a nuestro alcance. Los primeros lanzamientos de los Hellacopters, grabaciones piratas de los Stones, los inencontrables discos -entonces, claro- de Daniel Jonhston y una interminable ristra de viejos sueños, amen de la inventiva que todos empezamos a echarle al asunto. Las conexiones, que entonces no eran precisamente rapidas, echaban humo; este cronista se bajó más de 100 discos en un mes, sumido en un -a día de hoy- inexplicable frenesí que le devoraba en estallidos de placer sónico.
10 años después, y trás la evolución de los sistemas P2P -de Napster al E-mule, del E-Mule al SoulSeek, del Soul Seek al Vuze, Rapidshare, Megadownload etc etc etc- raramente me bajo música, por motivos del todo contundentes que a continuación detallo:
1. Las tiendas de discos están desapareciendo por culpa de las descargas ilegales. Me gustan los discos, soy fetichista de los mismos y uno de mis pasatiempos favoritos era escarbar en cubetas y estanterías repletas de tan fantásticos objetos. Nunca supuse que bajarse mp3 acabara cargándose el negocio de la edición de discos.
2. No voy a contribuir a que la música se convierta en un objeto de usar y tirar. Hoy en día la gente desecha canciones y obras a la velocidad del rayo. Si no les gusta a la primera, a la papelera directamente. El concepto de darle a una obra de arte -música: arte- el tiempo necesario para captar todo su contenido ha desaparecido completamente.
3. Odio a los papanatas que se bajan sin parar gigas y gigas de mp3. Gigas que, naturalmente, no tienen tiempo de oír, y cuya descarga tiene cómo única finalidad la figuración -"me he bajado la discografía completa de los Stones y seis deuvedes de videoclips" ante los demás, además de tener estanterías repletas de discos porque queda bien. Tan despreciable colectivo no me contará nunca entre sus miembros.
4. El original Eldorado -tenerlo todo al alcance, poder escuchar antes de comprar, romper con las fronteras editoriales- se ha transformado en un putiferio infecto en el que la música y los músicos son lo de menos. Cómo melómano y músico entiendo que hay que generar dinero desde algún sitio. Grabar un disco requiere muchas horas de ensayo, grabación, mezcla, masterización y promoción. Ninguna de estas cosas es gratis, al contrario, más bien, son muy caras, así que insto a los defensores de lo que se llama "compartir archivos" -expresión que debería de llevar adjunta: "no comprar un disco jamás"- a la creación de plataformas que exijan los siguientes puntos:
- Distribución de instrumentos gratis a todo aquel que demuestre que toca en directo, graba discos o simplemente hace música que disfrutan otras personas.
- Locales de ensayo gratuitos para todas las bandas que cumplan tales requisitos.
- Grabación profesional -con todos los epígrafes anteriormente reseñados- para todo aquel que cumpla, de nuevo, los pertinentes requisitos.
¿Les parece un disparate? Imagino que sí. En cambio, resulta del todo lógico que el producto final que suman todos los epígrafes mencionados sea gratis del todo. Algo huele mal en Dinamarca...
Y es que, señores internautas, la culpa de todo la tenían las discográficas, cierto, pero lo que sucede ahora mismo es culpa del público y de nadie más. La SGAE, ese siniestro ente, goza de su poder actual y de sus abusivas tasas gracias al deporte nacional: bajar música y no comprar nada. El gobierno, que algo tiene que hacer ante el flagrante robo constante de la propiedad intelectual e industrial -ojo: robo es la palabra EXACTA- les ha concedido todas las atribuciones del mundo para excusarse ante su manifiesta incapacidad para hacer algo al respecto. El subsiguiente golpe -golpe por golpe, que dirá Ramoncín, imagino- en los cánones de unidades de almacenamiento de datos estaba cantado, seguido de ese comportamiento estilo policía secreta de dictadura de ultraderechas. La culpa la tenemos todos. El poder de la SGAE se debe a la piratería masiva, Y NO AL REVES.
Y es que este país nunca puede negar su base genética: la picaresca. La furibunda masa que hierve de ira ante el anteproyecto de Ley miente vilmente cuándo manifiesta su intención de apoyar un nuevo modelo de negocio. En otras partes del mundo, ITUNES -cabecera del movimiento de la venta de música digital- funciona aceptablemente. Aquí no. Los usuarios mienten: no quieren ningún modelo nuevo, lo que desean es el consumo gratuito. Gratis. Y punto. Haced una prueba, y comprobad in situ a cuánta gente conocéis que compra algo en ITUNES o similar. Dudo que encontréis a nadie.
A estas alturas del partido sobra la demonización de las discográficas cómo elemento justificativo. Hace bastantes años que no compráis discos, así que basta del soniquete de los precios. No compráis ni váis a comprar bajo modelo alguno, y os la trae al pairo a quién perjudica este hecho, que no es precisamente a Metallica, U2 o Joaquín Sabina (ojo al estallido de rabia generalizada ante la reciente protesta de unas cuántas vacas sagradas en éste país: cómo si les importara quién es el objetivo del saqueo, si Ketama o Los Punsetes), sino a la gente de nivel medio y bajo. Basta de mentir. Basta de gilipolleces seudointelectualoides (¿la democratización de los contenidos culturales?; vengaaaaaaa...): Decidlo abiertamente: lo robo todo, ¿qué pasa?. Eso si, robad y asumid que existe un riesgo adjunto, y dejad de emitir sandeces sobre los derechos del internauta. O usad el streaming, comprad series medias, comprad discos de grupos nacionales a 6 pavos. APOYAD AQUELLO POR LO QUE TANTO BATALLAIS. A menos que la batalla sea, realmente, por conservar el uso y disfrute de la propiedad ajena sin coste alguno. Creo que ese es el quid de la cuestión.




tú compras, yo compro, y, los músicos en general compran. Y los freaks. Y no nadie más... sad but true.
umm interesante planteamiento. Me siento ajeno a todo este guirigay porque compro discos, Musica, películas. Etc. Eso si, me he dado de baja de la SGAE. NO me gustan como defienden mis derechos de autor de forma abusiva y solo para las vacas sagradas.
Mas dinero para cultura y bien gastado. Subvenciones para locales de ensayo, escuelas de teatro y cine, abaratamiento de las mismas a nivel privado. Cortar por lo sano con el amiguismo y los que se llaman progres que se gastan 40 pavos en el concierto de moda y no son capaces de apollar a grupos noveles con 3 €, por ejemplo. Y basta de actitud quijotesca ante la Musica española.
Yo no me llamo GómeZ
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