NASHVILLE PUSSY aparcan su truck en el Gruta 77

8 de julio, SALA GRUTA 77 (MADRID)

Teníamos ganas de ver a una de las bandas más viscerales del panorama hard rock estadounidense. La ocasión la pintaban calva en el Gruta 77 de Madrid, espacio de referencia en la capital para los sonidos más punk y rockeros. Desde Atlanta (Georgia), Nashville Pussy aparcaron sus Big Rig en el barrio de Carabanchel y sacudieron nuestras hastiadas mentes con una buena dosis de rock and roll. Rondando la medianoche se encargaron de abrir el apetito los madrileños Las Cheerleaders Asesinas. No tardaron ni un tema en poner a botar y a corear a toda la parroquia. Jugaban en casa, y si además bordaban su hard rock gamberro con Adicto al porno, Dame de beber o R'N'R Guerrila, pues ya eran imparables. Aprovecharon para presentar temas de su último disco como Salvaje, Nicotina, Amor de Burdel o una genial versión de Muddy Waters, Tengo el mojo funcionando, pasada de revoluciones aún más si cabe. Y fue en esas tesituras más rocker donde ganaban muchos enteros frente a la vertiente más dura y heavy. Estuvieron estratosféricos derrochando energía en cada nota y calentaron muy bien el ambiente para el segundo plato. Lo que pasa es que los de Atlanta se encargaron de enfriar la cena pues tardaron casi una hora en salir al escenario. Algo incomprensible y arrogante. El público estaba ostensiblemente impaciente e indignado, pero como en el Gruta 77 siempre hay un clima de buen rollo (la cerveza ayuda), pues tampoco fue a mayores. Además en cuanto empezaron a sonar los primeros acordes de Come On, el retraso se fue perdonando. La puesta en escena de Nashville pussy es, cuando menos, curiosa. Blaine Cartwright es un camionero en toda regla, lo mismo que Jeremy Thompson a la batería, y luego están las dos componentes femeninas que aportan un contrapunto bastante curioso para una banda de rock. Puede parecer un comentario machista, pero nada más lejos de la realidad, Ruyter Suys a la guitarra y Bonnie Buitrago al bajo dan mil vueltas a sus réplicas masculinas y rockean infinitamente más y mejor. Ruyter Suys no para en todo el concierto de brincar, bailar, botar y hacer headbanging, además conecta con el público sin tapujos. Maltrata a su Gibson SG en cada nota y derrocha mala leche y encanto a partes iguales. Y no se arruga a la hora de echarse el chou a sus espaldas. Adopta muchos gimmicks de Angus Young claramente. Musicalmente sonaron bastante contundentes y electrizantes. Temas como I'm so high, High as Hell o Why why why dieron buena muestra de ello, y sonaron suficientemente punkis en GO mutherfucker go o Come on; y más hardrockeros con Struttin cock o Fried Chicken and coffee con la que dieron por concluido el chou. No sin antes marcarse Cartwright unos bailes folklóricos de su tierra ayudado por una birra de un trago que se sirvió en su propio sombrero cowboy y los constantes lingotazos que trasegaron todos los integrantes de la banda de un Old Tennessee. Calentitos irían a casa no sin antes darse un baño de multitudes. Texto y fotos: GómeZ
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