Iron Maiden convence en Madrid

13 de julio, BARCLAY CARD CENTER (MADRID)

Los británicos Iron Maiden están en un momento dulce. Son conocedores del business que tienen entre manos y lo están explotando al máximo. Llenan allá donde tocan y su caché aumenta con cada gira que ofrecen, los promotores se enzarzan en auténticas batallas para colgar su nombre en el cartel de festivales y salas. Es garantía de éxito. En nuestro país se suelen presentar frecuentemente y es una de sus habituales paradas dentro de sus giras. Y en esta ocasión con la presentación de su último largo The book of souls no iba a ser menos. De hecho las fechas en nuestro país han sido hasta cuatro (Viveiro - Resurrection Fest, Madrid, Sevilla y Barcelona). Bruce Dickinson y compañía ya rondan los sesenta y pico, y aún así se muestran en una forma física envidiable. A pesar del susto que Dickinson nos dio el año pasado con sus problemas de garganta y operaciones, ofreció un nivel vocal muy alto, y no se arrugó en ningún pasaje del concierto, como así se había comentado por las redes sociales a raíz de su actuación en el Resurrection Fest de Viveiro. Los que se quedan un poco atrás en términos de chou y agilidad tal vez sean Dave Murray (nunca ha sido la alegría de la huerta) y Adrian Smith, éste último que sigue paseándose por el escenario como un poco obligado (apenas si reaccionó a las bromas de Dickinson durante los coros de Death or Glory). Luego está el jefe Steve Harris, que va a su aire y nadie le tose. Master and commander sobre el escenario. Nicko McBrian está empeñado en que no le veamos disfrutar durante los conciertos, y sigue oculto tras su imponente set de batería. Sólo al final del concierto se dejó querer por el entregado público mientras regalaba baquetas, parches de batería y el habitual etc. Además Dickinson le felicitó por su cumpleaños ese mismo día (cumple el 5 de junio), cedió el micrófono y salieron todos pitando hacia bambalinas; y el bueno de Nicko, con un gesto de contrariedad por la jaimitada de Dickinson, se despidió de la plebe como buenamente pudo. Luego está el circense Janick Gers, que le tocó la lotería cuando conoció a Dickinson en su disco en solitario Tattooed Millionaire y se lo trajo a su vuelta a Iron Maiden. Siempre he pensado que estaba más para las poses que otra cosa, pero en esta ocasión lo teníamos justo enfrente y pudimos disfrutar de su espectáculo y hace auténticas virguerías con la guitarra. Habla con ella, la eleva, la pisa, le echa mal de ojo, toca por ambos lados del mástil, de todo… pero sonando potente en cada momento. Musicalmente Maiden no fallan, pero tampoco sorprenden. Tocaron el mismo setlist que venían haciendo en la gira y ya anunciado meses antes. Es lo habitual en ellos cuando presentan disco nuevo, tocar prácticamente íntegro el disco en cuestión. Y hay que decir que algunos temas funcionan mejor que otros dentro del imaginario Maiden. Por ejemplo, The red and the black fue de lo mejorcito de la noche, mientras que Tears of a clown no encaja del todo. Tuvieron también momentos para conectar con el público en la presentación de Blood Brothers y el broche de oro lo puso Wasted Years, toda una declaración de intenciones a su larga trayectoria. Up the Irons! Texto y fotos: GómeZ
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