Howe Gelb despide sus Giant Sand tras 30 años de carrera

15 de julio, Parque de la cuña verde (MADRID)

El barrio de Moratalaz en Madrid fue testigo de la despedida de más de 30 años de carrera de la banda de Tucson, Giant Sand con Howe Gelb al frente, dentro de la programación de los Veranos de la Villa. Este año la concejalía de cultura y festejos ha tenido la idea de tratar de llevar los festejos más allá de la habitual almendra madrileña, y ha ubicado su programación en los sitios más dispares y recónditos de la geografía. Tal fue el caso que nos ocupa. Llegar al Parque de la cuña verde allá por el metro pavones nos llevó más de una hora, más la caminata hasta el parque y el escenario ubicado en lo alto de la colina. Un enclave al aire libre, curioso, polvoriento y fronterizo, como la música de Howe Gelb y compañía conformando la formación actual de Giant Sand. En una especie de anfiteatro natural se congregaron los vecinos del barrio para asistir a un buen concierto de rock fronterizo. Posiblemente muchos de los allí reunidos se acercaron por curiosidad y no eran conscientes ni conocedores de la historia de esta longeva banda. El caso es que disfrutaron de lo lindo con dos horas de rock y americana con pinceladas de rock chicano aderezado con los ladridos de los perros paseando por el parque. Todo muy wild frontier, oiga. Al bueno de Gelb le habían habilitado una diminuta tarima para ofrecer su chou, pero la batería ya ocupaba todo el espacio, así que bajó sus amplificadores y pedales al polvoriento piso y ahí desgranó sus temas sin menor importancia. él estaba absorto en el enclave y agradeció en numerosas ocasiones la asistencia de público y poder ofrecer su despedida en un lugar tan peculiar y con las estrellas y la luna como testigos. Tuvo algunos problemas de sonido que él mismo se encargó de solucionar trasteando en los amplificadores. Ante la protesta del técnico de sonido, él respondió que ya lleva muchos años en esto como para que le digan lo que tiene que hacer y que le estropeen un concierto. Perro viejo, sin duda. La cosa no fue a mayores, salvo por que descuadró su volumen con respecto de los otros músicos. Su guitarra estaba atronadora, pero con un sonido nítido y recogido. Se podía escuchar hasta su respiración en los temas más pausados e íntimos. Y, al mismo tiempo, cada nota en los pasajes más furiosos. Intentaba conectar con el despistado y desconocedor público congregado, con continuas charlas para presentar los temas mientras los críos correteaban entre el graderío. No fue hasta una hora y media más tarde en que se despidió con Temple & Tear que el público se levantó para aplaudir y solicitar otra insistentemente. Pero Howe Gelb y compañía no tenían camerino donde esconderse, así que casi se les echan encima para obligarle a salir de nuevo. Y así prolongó su concierto por otra media hora más y ya con el público congregado a su alrededor. Parecía que el concierto comenzaba en ese momento. Le dio la oportunidad a su guitarrista Brian López para que se luciera con temas en español y fue cuando los más neófitos se emocionaron más al escuchar algo más acorde con las fiestas del barrio y muy en el estilo hispano. Ya a eso de las 23 horas decidió plantarse por que, si de la gente hubiese dependido, le habrían tenido tocando hasta el amanecer. Texto: GómeZ Fotos: Michelangelo
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